Durante cincuenta días la Iglesia celebra a
Jesucristo Resucitado. Cada domingo del año es también el día de la
resurrección. La liturgia pascual está cuajada de signos que nos
muestran el rostro del Resucitado y su presencia interpeladora entre
nosotros:
1.- Las flores: Son el fruto del jardín del Calvario,
del jardín de la resurrección. Las flores son el fruto temprano la
primavera radiante en su primer plenilunio. Las flores, frescas y
primerizas, no pueden faltar en las celebraciones de pascua. Las flores
hablan siempre por sí solas de fragancia, de belleza, de fruto, de
pureza, de vida.
2.- La luz: Jesús es la luz del mundo. Su
resurrección es la luz que disipa definitivamente las tinieblas del
pecado y de la muerte. La luz es para alumbrar, para guiar, para
calentar. La liturgia de la Iglesia recrea este misterio de la luz con
el fuego de la vigilia pascual y con el cirio, su simbólica imagen
resucitada, su nuevo y definitivo icono pascual.
3.- La palabra: La resurrección estaba presente en la
entraña misma de las Escrituras, de la Palabra de Dios. Jesucristo es
la Palabra de Dios encarnada. La vigilia pascual tiene por ello una
liturgia especial de la palabra y el lugar de la palabra -el ambón, el
atril- aparece florecido en pascua.
4.- El agua: Jesucristo es el agua viva, el manantial
de la vida, la fuente de esperanza, el hontanar de la felicidad. Quien
la bebe nunca más tendrá sed. El agua es signo de vida, de limpieza, de
purificación, de fecundidad. Con el agua y en agua renacemos a la vida
nueva por el bautismo. La liturgia pascual venera de modo especial el
agua bendecida en la noche santa y en esta agua renueva su fe y promesas
bautismales.
5.- El pan: Jesucristo
es el pan vino bajado del cielo. El pan se convierte en su cuerpo,
llagado y resucitado, y quien lo come tiene ya en prenda la vida eterna.
6.- El vino: Jesucristo nos dejó su sangre derramada
como bebida para la remisión de los pecados y encomendó a su Iglesia, a
sus sacerdotes, hacer memoria de ella. Jesús Resucitado es el vino nuevo
y definitivo, que sacie y no embriaga.
7.- El incienso: El incienso era en la cultura pagana
uno de los símbolos de la divinidad. En la liturgia cristiana es
también expresión de adoración y veneración. El incienso es usado
especialmente en las liturgias pascuales. “Suba nuestra oración, Señor,
como incienso en tu presencia”.
8.- El aleluya: Jesucristo, en sus apariciones, llama
a sus apóstoles y discípulos a la alegría. La palabra alegría en griego
es “aleluya”. El “aleluya” es utilizado en la liturgia pascual de
manera permanente. La alegría, el aleluya, debe ser una de las consignas
y de las características de los cristianos de todas las épocas. Su
resurrección es la alegría que nadie nos podrá arrebatar.
9.- La paz: Jesucristo es nuestra paz, es el príncipe
de la paz. Con su muerte y resurrección ha hecho la paz y la
reconciliación para siempre. Su saludo, en las apariciones tras la
resurrección, es una invitación a la paz. Las escenas neotestamentarias
de la resurrección están transidas de paz. La paz es don de los dones
del Señor. La paz es credencial de la resurrección.
10.-La misión: “Id a Galilea…”, “¿Qué hacéis ahí
plantados mirando al cielo? “Id y predicad el evangelio a todas las
gentes…”. La pascua no puede esperar. La gloria en nosotros y para
nosotros del Resucitado no puede esperar. El cielo no puede esperar.
Pero el cielo sólo se gana en la tierra: “Id, pues, y enseñad a todas
las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado. Yo
estaré con vosotros siempre hasta la consumación del mundo”
Jesús de las Heras
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